dpa - Firmada
Entre sueños y desafíos: 65 años de migración turca en Alemania
25.10.2026, 15:44
Llegaron con una maleta, sueños de una vida mejor y la esperanza de regresar algún día a casa. Pero muchos de aquellos trabajadores turcos que se mudaron a Alemania hace 65 años terminaron construyendo aquí una nueva vida.
El acuerdo de contratación laboral firmado entre Alemania Occidental y Turquía el 30 de octubre de 1961 transformó no solo sus destinos, sino también la sociedad germana.
Algunos de los objetos que los inmigrantes llevaron consigo al llegar a Alemania se conservan hoy en el ayuntamiento del distrito de Ehrenfeld, en Colonia, en el oeste del país. Entre ellos hay una caja de casetes que guarda una historia familiar: un matrimonio turco conservaba allí los mensajes de audio que su hija les enviaba desde Turquía, donde había quedado al cuidado de unos familiares.
"Era un medio de comunicación muy popular: permitía escribir cartas habladas, cantar, recitar poemas o enviar saludos", explica Bengü Kocatürk-Schuster, del Centro de Documentación y Museo sobre la Migración en Alemania (DOMiD). Los mensajes podían tardar meses en llegar.
La joven República Federal de Alemania sufría una escasez de mano de obra a comienzos de los años sesenta, debido en parte a la baja natalidad durante la Segunda Guerra Mundial y al reclutamiento de jóvenes para el Ejército. El Gobierno alemán consideraba a los trabajadores contratados como "trabajadores invitados", no como inmigrantes.
Turquía esperaba que los emigrantes enviaran dinero y adquirieran formación profesional para aplicarla al regresar. Sin embargo, entre el 20 % y el 50 % ya tenía alguna cualificación, según Haci-Halil Uslucan, profesor de Estudios Turcos en la Universidad de Duisburgo-Essen. Algunos, como los maestros, no pudieron ejercer su profesión en Alemania.
En lugar de música, alambre de púas
Los trenes especiales desde Estambul tardaban entre 50 y 55 horas. Muchos esperaban una recepción con música, pues Alemania era la patria de la música clásica. Llegaban ilusionados ante la aventura de Almanya, como llamaban al país.
Muchos se encontraron primero con un sótano: el antiguo refugio antiaéreo bajo el andén 11 de la estación central de Múnich, donde la Agencia Federal de Empleo organizaba su distribución. Las empresas los alojaban en barracones, fábricas o búnkeres, a veces cercados con alambre de púas, y regulaban estrictamente su vida cotidiana.
En 1973, el despido de 300 trabajadores turcos de Ford en Colonia por regresar tarde de sus vacaciones desencadenó una huelga espontánea. Unos 8.000 empleados, en su mayoría turcos, paralizaron la producción para exigir su readmisión y mejores salarios, pese a la oposición del sindicato IG Metall y del comité de empresa.
Según Nedim Hazar, director artístico de un musical sobre la huelga, lo importante fue que los trabajadores migrantes alzaron la voz, se organizaron y exigieron igualdad de trato. El musical "Baha y los salvajes años setenta" se representará los días 29 y 30 de octubre y el 7 de noviembre en las instalaciones originales de la fábrica Ford, con la participación de tres testigos de aquella época.
La "prima para largarse"
En 1973, tras la crisis del petróleo, Alemania Occidental suspendió la contratación de trabajadores extranjeros. Poco después, comenzó a exigirse que los llamados "invitados" regresaran a sus países. El entonces canciller socialdemócrata Helmut Schmidt llegó a declarar que no quería que entraran más turcos en el país.
En 1983, el Gobierno de Helmut Kohl ofreció varios miles de marcos a los extranjeros que abandonaran Alemania. Los turcos bautizaron la ayuda como la "prima para largarse".
Entre 1961 y 1973, alrededor de medio millón de turcos regresaron a su país, pero casi un millón permaneció en Alemania. Durante los años setenta, muchos reunieron a sus familias en Alemania. Los salarios más altos en este país fueron un motivo importante, aunque también descubrieron durante sus vacaciones que su antiguo hogar ya les resultaba extraño.
Según Uslucan, muchos vivían en una especie de limbo: no se sentían plenamente parte de ningún país.
Entre dos naciones
Actualmente viven en Alemania alrededor de 2,9 millones de personas de origen turco, aproximadamente el 3,5 % de la población. Unos 1,5 millones conservan la nacionalidad turca; el resto son ciudadanos alemanes, muchos con doble nacionalidad. La mayoría afirma sentirse en casa en ambos países.
Según Uslucan, desde 2010 el vínculo con Alemania ha disminuido mientras aumentaba el de Turquía. Entre las causas cita el auge turco, los asesinatos de la organización neonazi NSU y los debates que seguían presentando a los turcos como un problema de integración. Muchos se sentían orgullosos de Turquía, pero excluidos en Alemania.
Distanciamiento respecto a otros inmigrantes
Muchos alemanes de origen turco sienten que, pese a haber nacido en Alemania y pagado impuestos durante décadas, siguen siendo considerados extranjeros.
Un estudio del Centro Alemán de Investigación sobre Integración y Migración (DeZIM), realizado antes de las elecciones federales de 2025, indicó que aproximadamente el 20 % de los alemanes con antecedentes migratorios turcos se planteaba votar por el partido de ultraderecha Alternativa para Alemania (AfD).
Algunos consideran que ellos o sus padres tuvieron que luchar mucho para salir adelante, mientras que los recién llegados reciben demasiadas ayudas. Según Uslucan, esta actitud refleja el deseo de distanciarse de los nuevos inmigrantes y de evitar que se les asocie con ellos.
Un balance positivo
Pese a las dificultades, Uslucan destaca los avances, especialmente en educación, y la influencia turca en la lengua, la música, la gastronomía y las celebraciones alemanas. También abundan las parejas germano-turcas.
"65 años es aproximadamente la edad de jubilación", señala Uslucan con optimismo. Y, evocando una célebre canción del cantante alemán Udo Jürgens, añade que ahora empieza la vida y llegan los buenos años. Por eso, propone hacer de esta idea el lema para el futuro.