"Tras el dolor y el tormento": cartas de sobrevivientes del Holocausto
14.09.2026, 13:09
La guerra ya había terminado hacía casi un año cuando Arthur Feige se puso en contacto con un viejo amigo. "Por milagro sigo con vida y, tras tantos años, puedo volver a enviarle noticias", escribió este judío berlinés en una carta fechada el 13 de marzo de 1946.
"He pasado por cosas terribles y me sentiría dichoso si pudiera salir de aquí", expresó. Feige le explicó que su deseo era emigrar a Palestina: "Todo lo que veo aquí me resulta insoportable y ya no puedo seguir viviendo emocionalmente aquí".
El escrito de Feige forma parte de la compilación "Nach so viel Schmerz und Pein - Erste Briefe nach dem Holocaust» ("Tras tanto dolor y tormento: primeras cartas después del Holocausto"), publicada por primera vez en alemán por la editorial Herder en colaboración con el Centro Mundial de Conmemoración de la Shoá, Yad Vashem.
Testimonios del valor de la democracia
"Estas cartas dan cuenta del mayor crimen de la historia de la humanidad", señaló la ministra alemana de Educación, Karin Prien, quien tiene raíces judías y presentó el volumen junto a la asociación de Amigos de Yad Vashem.
"Deposito en estas cartas la esperanza de legar a las futuras generaciones testimonios que hagan tangible lo vivido, con el fin de transmitir empatía, comprensión y, por encima de todo, el valor de nuestra democracia", sostuvo.
Visto en perspectiva, el fin de la dictadura nazi en Europa parece un desenlace feliz.
Para los supervivientes de la Shoá, el horror, la humillación y las privaciones llegaban a su fin, abriéndose el camino hacia un futuro mejor.
Sin embargo, los supervivientes arrastraban una carga abrumadora: el recuerdo del sadismo de sus verdugos, el sentimiento de culpa por haber sido precisamente ellos los únicos en salvarse y el duelo por sus familias asesinadas. Regresaron a una patria destruida y a un entorno habitado por personas que, solo unos años antes, habían vitoreado o ignorado su trágico destino.
"Un vacío emocional desolador"
Arthur Feige trabajaba como técnico electricista en las fábricas de motores de Charlottenburg hasta que, en noviembre de 1942, fue arrestado por la Gestapo y asignado a un tren con destino al campo de exterminio de Auschwitz.
Durante el trayecto, logró escapar por la ventana del baño del vagón en marcha. Durante casi tres años vivió en la clandestinidad en el Reich nazi. Subsistió de incógnito trabajando como peón agrícola, cargador de carbón o técnico de reparación de radios.
Sus padres murieron en el campo de concentración de Terezín (Theresienstadt). Su hermana, su cuñado y su sobrino fueron asesinados en Riga; su hermano Paul y la esposa de este, presuntamente en Auschwitz, además de otros familiares y amigos.
"Nos llevó mucho tiempo superar esto a nivel emocional", relataba Feige. En aquel momento afirmaba encontrarse bien, a excepción de un "vacío emocional desolador".
El regreso de los desarraigados
El nacionalsocialismo asesinó a seis millones de judíos europeos; unos 3,5 millones sobrevivieron a la Shoá. La historiadora Anna Junge calcula que solo unos 15.000 judíos lograron sobrellevar la persecución dentro de Alemania sin ser deportados, ya fuera gracias a los denominados "matrimonios mixtos" o viviendo ocultos.
Tras el fin de la guerra, decenas de miles de judíos liberados regresaron a Alemania. En muchos casos, sus fuerzas resultaban insuficientes para emprender un nuevo comienzo.
Un recibimiento helado
La editorial destaca que los textos constituyen testimonios redactados "sin filtro".
La diversidad de lenguas de los escritos originales —ruso, alemán, francés, húngaro, hebreo, yidish, eslovaco, holandés y polaco— refleja el alcance global del proyecto de exterminio impulsado por Adolf Hitler y sus colaboradores, que golpeó a la comunidad judía de todo el continente. Asimismo, al regresar a sus países de origen, tampoco fueron recibidos precisamente con los brazos abiertos.
"El regalo más hermoso"
Entre sus páginas, la recopilación alberga también muestras de consuelo.
Syme Zosim Rysavy, nacida en Brno (en la actual República Checa), instó a sus hermanos a huir en 1939, poco antes de la anexión alemana del entonces Protectorado de Bohemia y Moravia.
Ellos lograron llegar a Londres, pero Syme permaneció en el país para cuidar de sus padres ancianos. En abril de 1942 fue deportada junto a su esposo Fritz a Terezín y posteriormente a Auschwitz, donde Fritz fue asesinado. Syme sobrevivió a extenuantes jornadas de trabajos forzados, al hambre, a las humillaciones y a las enfermedades.
En septiembre de 1945, tras recibir dos cartas de su hermano Ned, respondió desbordante de gratitud: "Ha sido el regalo más hermoso y te lo agradezco profundamente, me has hecho inmensamente feliz. Porque todo lo que he vivido y sufrido en estos últimos cuatro años no se puede contar ni poner por escrito".