dpa - Firmada

Superviviente del Holocausto cumple 100 años y lo celebra con rock punk

25.04.2026, 14:16

Por Marie Frech (dpa)

Andrej Ivanovich Moiseenko es un hombre afable, al que le gusta hablar y que ríe mucho. Quien lo conozca se sorprenderá de que esté a punto de cumplir 100 años el 1 de mayo, pero sobre todo de que tras sobrevivir a los abismos de la humanidad haya podido convertirse en un nonagenario lleno de alegría de vivir y sin amargura.

Pocos días después de esta entrevista con la agencia alemana dpa, regresa al lugar que marcó un punto de inflexión en su vida, el memorial de Buchenwald, cerca de Weimar, donde él, que vive en Minsk, participó como uno de los dos supervivientes en la ceremonia conmemorativa de la liberación del campo de concentración hace 81 años. "Recuerdo ceremonias conmemorativas con muchos más supervivientes", dice Moiseenko. "En realidad, ya casi no quedan".

A Moiseenko no le resulta difícil volver cada año, porque las conmemoraciones son oportunidades de entrar en contacto con la gente. Puede hablar con los alumnos en charlas y proyecciones de películas, y contar su historia. "Estoy agradecido de que haya gente que se interese por mi historia", asegura.

"Puedo dar fe de ello"

Durante mucho tiempo, no habló con nadie sobre lo que había vivido, pero ahora es consciente de lo importante que es su labor como testigo de la época: "Hay personas que no pueden ni imaginárselo, y quizá otras que no quieren imaginarse que lo que hicieron los miembros de las SS en los campos en aquella época es realmente cierto. Pero yo puedo dar fe de ello", subraya.

Durante la conversación hace de intérprete un amigo de Moiseenko, Hannes Farlock, cuya presencia pone de manifiesto lo despierto y ágil que sigue estando el anciano. Nada más ver a su amigo, se levanta de un salto y corre a su encuentro a paso rápido. Mientras habla, gesticula y agudiza el oído para entender las preguntas que le formulan en alemán. Lleva algún tiempo aprendiendo el idioma.

Farlock ha rodado un documental sobre Moiseenko y ahora mismo está trabajando con él en su próximo proyecto cinematográfico. Moiseenko opina que este tipo de películas, pero también los reportajes sobre él, mantendrán vivo el recuerdo de los horrores de la época nazi. Incluso cuando él ya no pueda contarlo.

Deportado para trabajos forzados

Moiseenko nació en 1926 en la Unión Soviética, en el territorio de la actual Ucrania. Perdió a su madre a temprana edad y su padre murió en la guerra en 1941. Cuando buscaba desesperadamente algo de comida para él y sus hermanos menores en su tierra natal, entonces ocupada por la Wehrmacht, fue deportado a Alemania a los 15 años para realizar trabajos forzados. 

Pero como se sospechaba que pertenecía a la resistencia, acabó siendo enviado al campo de concentración de Buchenwald. Más tarde, en el subcampo de Wansleben, lo obligaron a seguir trabajando para la industria armamentística. 

Las tropas estadounidenses lo liberaron el 14 de abril de 1945, poco antes de que las SS pudieran fusilar a su grupo como habían planeado. "Solo nos faltaban entre 500 y 800 metros para la muerte. Por casualidad, seguí con vida", relata en un video del memorial de Buchenwald.

"Algo inimaginable para el ser humano"

"Lo que ocurrió en Buchenwald supera, en realidad, lo que el ser humano puede imaginar", afirma ahora en la entrevista y describe la experiencia de la mayoría de los trabajadores forzados: "Eran figuras de las que se había borrado todo lo humano, todo lo espiritual. Eran como una masa oscura, eran una sombra de sí mismos". 

Apenas unos meses después de su liberación, en julio de 1945, Moiseenko fue reclutado como soldado en el Ejército Rojo. Tras su servicio militar en la actual Bielorrusia se quedó allí, porque "no tenía ningún otro lugar al que pudiera volver".

Allí trabajaba y, por las noches, estudiaba. Se convirtió en ingeniero técnico y participó en el desarrollo de maquinaria para la construcción de carreteras. "Tuve una vida muy dura y nunca tuve tiempo libre; o bien trabajaba o bien estudiaba", relata.

Hace tiempo que sobrevivió a sus hijos, a su esposa y a otros familiares. "Llevo 25 años solo", dice, también sin que se le note amargura.

Le preocupan los conflictos actuales en el mundo, aunque pide no equiparar a los gobiernos con la población. "Espero que nuestros descendientes actúen con más sensatez que nosotros. La esperanza es lo último que se pierde".

Para el mundo, desea lo que, en su opinión, probablemente todos querrían: "Paz y justicia, y que las personas se traten con cierta compasión".

Con motivo de su cumpleaños, la ciudad de Weimar, de la que como muchos otros supervivientes de Buchenwald es ciudadano honorífico, organiza una gran fiesta en el Teatro Nacional Alemán. Habrá allí un coro que cantará canciones de Bielorrusia, pero también una actuación musical sorpresa del ámbito del "punk rock político", a pedido del propio Moiseenko.