Historia
La corta vida del antiguo Palacio de la República de Berlín Oriental
19.04.2026, 12:33
Muchos ciudadanos de la extinta República Democrática Alemana (RDA) no salieron de su asombro en aquellos días de abril de 1976 al ver los pisos de mármol, cómodos muebles, arreglos florales, grandes pinturas y una flor de vidrio de cinco metros de altura en el centro del flamante Palacio de la República en Berlín Oriental.
Sus miradas se dirigían también hacia arriba, donde, sobre el enorme vestíbulo, un mar de casi 10.000 lámparas esféricas iluminaban el espacio, que pronto dieron lugar al mote de "la tienda de lámparas de Erich", en alusión a Erich Honecker, el exjefe de Estado de la Alemania socialista y presidente del Partido Socialista Unificado (SED).
El Palacio, cuya llamativa fachada de vidrio térmico belga, de color marrón cobrizo y reflectante, marcó rápidamente el paisaje urbano, fue un proyecto de prestigio de Honecker.
Los restos del antiguo Palacio de los Hohenzollern ya habían sido demolidos en 1950. En su lugar, miles de trabajadores levantaron el nuevo edificio en solo 32 meses. Se trataba de una especie de casa del pueblo para el encuentro, la cultura, el entretenimiento, la comida y la bebida.
Los costos eran inmensos, pero, a diferencia de otras obras de la RDA, no faltaba material. "Sin duda, los trabajadores e ingenieros se han esforzado mucho en esta construcción. La ejecución es pulcra y decente", elogió entonces un corresponsal de la televisión occidental.
El Palacio es un imán para los visitantes
Tras la inauguración el 23 de abril de 1976, reservada a personalidades políticas y a los constructores, los visitantes acudieron en masa: había salas de teatro y para jugar a los bolos, también un gran recinto para exposiciones de arte, conciertos y eventos, así como una discoteca con pista de baile giratoria, además de 13 establecimientos gastronómicos.
Quienes vivían en la capital de la RDA o venían de visita no dejaban de ir al Palacio. Los conciertos con la crème de la crème de la música de Alemania Oriental y las actuaciones de estrellas occidentales como Tangerine Dream o Carlos Santana eran muy codiciados. El rockero alemán occidental Udo Lindenberg obtuvo el permiso para actuar en 1983 en un concierto por la paz, ante un público selecto.
Además, en el Palacio se reunían la Cámara Popular de la RDA y los congresos del partido SED.
"Con el Palacio se escenificó una especie de sociedad socialista de bienestar, se podían dejar atrás los problemas cotidianos", comenta el historiador e investigador de la RDA Stefan Wolle. Incluso las cabinas telefónicas siempre funcionaban, algo que en la RDA no era nada habitual, añade. "El objetivo del SED de mostrar la unidad entre el pueblo y el partido se logró en aquel entonces".
Una muerte a plazos
En la época de la reunificación alemana de 1989-1990, el Palacio de la República se convirtió en un lugar histórico, antes de que comenzara su muerte a plazos. Con motivo del 40º aniversario de la RDA, el 7 de octubre de 1989, Honecker brindó con champán junto a sus invitados en una ceremonia celebrada en el interior, mientras que afuera los manifestantes exigían libertad y reformas frente a los agentes de la famosa y temida policía política Stasi.
En las primeras y últimas elecciones libres de la RDA, el 18 de marzo de 1990, el Palacio se convirtió en centro de medios de comunicación, con cadenas de televisión de todo el mundo informando desde allí.
La nueva Cámara Popular tenía la tarea de abolirse a sí misma y allanar el camino hacia la reunificación. El 23 de agosto de 1990 decidió en el Palacio la adhesión de la RDA a la República Federal de Alemania con efecto a partir del 3 de octubre. Para entonces, los escudos de armas de la RDA en la fachada y en la sala plenaria ya habían sido desmontados hacía tiempo.
Amianto en el Palacio de Mármol
La sesión de la Cámara Popular prevista para el 19 de septiembre de 1990 ya no fue celebrada en el Palacio, ya que el Consejo de Ministros de la RDA ordenó cerrar todo el edificio debido a la presencia de asbesto. Durante la construcción se habían utilizado más de 700 toneladas de este material para revestir las vigas de acero por motivos de protección contra incendios.
En lugar de mármol y lujo quedó solo una especie de estructura en bruto, y tras proyectos artísticos, protestas y debates sobre alternativas, el Bundestag, la Cámara Baja del Parlamento alemán, decidió en 2002 demolerla y reconstruir el antiguo Palacio de los Hohenzollern.
Aunque el Palacio de la República solo estuvo abierto 14 años, 4 meses y 27 días, muchas personas aún hoy asocian con él recuerdos personales, tal vez mezclados con una pizca de nostalgia de la Alemania del Este.
"El Palacio es un símbolo de la memoria de la RDA, precisamente porque ha desaparecido", observa el historiador Wolle.
Hasta hoy persiste la tesis de que el asbesto no fue la verdadera razón del derribo, sino que se quiso borrar un pedazo de la historia de la RDA.
"Es indiscutible que el Palacio de la República estaba altamente contaminado por asbesto y que esa fue la razón de su cierre antes de la reunificación", asegura el director general del Foro Humboldt, Hartmut Dorgerloh, que funciona en el palacio real restaurado.
Sin embargo, en su opinión, el patrimonio arquitectónico de la RDA no recibió un gran reconocimiento público tras la reunificación. Tampoco se tuvo en cuenta ni se valoró la fuerte identificación que muchas personas sentían con el Palacio de la República, añade.
El centro cultural que gestiona Dorgerloh, inaugurado en 2020-2021, permite hoy en día revivir la historia mundial, y en distintos lugares también se pueden ver objetos originales del Palacio de la República inaugurado hace 50 años.